De pie ante el gigante de metal.
Cara al sol empuña el cuchillo con nudillos blanquecinos.
La garganta rompe el aire con un disparo de furia
Y el corazón late a la velocidad de las bombas.
Tiembla la tierra bajo la valentía de los ingenuos,
Cuyos ojos enfrentan sin duda los otros,
Que refugiados tras el uniforme, tajan la distancia.
Inevitable el derrame de sangre y sudor sobre las armas.
Tras el último estallido, al silencio le sigue la triste sinfonía
Del llanto de un niño.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada